Es un error ser conservador? – Parte I

Hace unos días Alberto Mansueti, intelectual liberal clásico compartió un texto de su blog con el provocativo título de “Es un crimen ser conservador?”. El artículo es una adaptación de los diez principios conservadores de Kirk Rusell. Yo agradezco el que esos principios hayan aparecido como base para el debate con los conservadores, el presente es socialista pero en su colapso o estancamiento no es tan claro que el futuro sea libertario.

Ante las múltiples decepciones y cinismos que emergerán a partir de los proyectos estatistas el conservatismo cobrará nuevas fuerzas, y aunque en el ahora me siento muy cómodo compartiendo con ellos el importante proceso de desmitificar los conceptos marxistas y keynesianos sobre la economía, vale la pena, por el futuro,  dejar claras las fronteras.

Lo bueno es que esta vez no me toca a la defensiva, no me toca la rutina de dar explicaciones sobre por qué más libertad no puede ser mala o perjudicial para la especie, los individuos o sus familias. Y de que maneras es posible, gracias al capitalismo, darle forma a lo mejor de la anarquía.  Esta vez, gracias al texto de Mansueti sobre Rusell es posible ejercer la reflexión en el otro sentido y  revisar la solidez argumental de nuestros temporales asociados: los conservadores.

O dicho de otra manera, sabiendo que el socialismo es un error, revisar también si lo es el conservatismo, por lo menos como lo promueve uno de sus intelectuales.

Para no hacerlo muy aburrido, o mejor dicho, para hacer el debate más organizado e interesante voy a dividir mis comentarios en dos partes, podría y debería hacerlo en tres si quisiera ampliar la critica refiriéndome directamente al texto ampliado de Rusell, pero creo que para los fines deliberativos que me interesan, el material base que recoge Mansueti cumple “divinamente”.

Kirk Rusell plantea:

  • El principio moral. Un orden moral basado en el respeto a las verdades permanentes, capaz de asegurar armonía a la convivencia social. El relativismo, en cualquiera de sus formas, es el principal enemigo de este principio. Y la religión es su amiga, en particular la tradición judeo-cristiana.

Tengo mis dudas sobre si una corriente política puede hablar de un “principio moral” porque todas las ideologías tienen principios morales. Proponen jerarquías de valor diferentes pero eso no significa que no puedan hablar con propiedad de tener un principio moral. Luego como diferenciador del conservatismo es claro que el principio moral per se no funcionaría. Las diferencias ideológicas son diferencias morales.

Ahora bien el tema del “respeto a las verdades permanentes” muestra una preocupación por la relación entre moral y verdad, un problema muy importante para una especie cuyo principal elemento adaptativo es su mente. Sin embargo el énfasis para Rusell no está en cómo y de dónde emergen las “verdades permanentes” que se deben respetar, si no en el respeto. Lo cual resulta confuso, por decir lo menos, cuándo al mismo tiempo que señala como enemigo del orden moral al relativismo, muestra a la religión, y a una particular como su amiga.

¿Qué tipo de amistad hay entre la religión y las “verdades permanentes” si hay varias religiones? ¿Cómo se armonizan las “verdades permanentes” dentro de las diferentes teologías incluyendo las de la particular tradición judeocristiana? ¿Los protestantes irrespetaron las “verdades permanentes” del catolicismo? ¿Y todos los cristianos en general no irrespetaron las “verdades permanentes” del judaísmo? ¿Eso querría decir que protestantes y cristianos al irrespetar “verdades permanentes” de una religión o una teología previa no son amigos del orden moral?¿o son relativistas?

Y ojo, que la reflexión la hago frente a la particular tradición judeocristiana. El tema es más complejo si incluimos otras religiones: ¿cómo nos permite la religión como amiga del respeto por las “verdades permanentes” crear “armonía en la convivencia social” entre politeístas y monoteístas?… ¿entre los que creen en la reencarnación y la resurrección? ¿O es que la vida más allá de la muerte no hace parte de las “verdades permanentes” que hay que respetar?

Mucho más si se tiene en cuenta las experiencias místicas, el problema de la relevación espiritual, la relación personal con los elementos divinos, y otros elementos que hacen perder la frontera entre el pluralismo religioso y el relativismo moral. ¿O es que no es una “verdad permanente” que las diferencias religiosas implican moralidades diferentes?

Kirk Rusell plantea:

  • El principio convencional. El orden moral es fruto de convenciones muy antiguas, producto de la experiencia acumulada del pasado, a veces remoto. Y es guardado a través de tradiciones heredadas. La conservación de ese orden moral a través de sucesivas generaciones, es la “tradición”, algo que los padres “entregan” (tradere) a los hijos, y éstos la reciben por herencia. Este orden no se opone al progreso, al contrario: el adelanto de la sociedad exige la continuidad de ese orden, y por ello su preservación. Contra este principio se alzan el anti-tradicionalismo, y la idealización de una supuesta “naturaleza” que se cree antitética a cualquier “mera convención”.

Este quizás es uno de los elementos que debería generar mayor identidad a los conservadores, puesto que comparte por esencia la relación con su mismo nombre: conservar. ¿Sin embargo qué conservar? Frente a eso el principio convencional poco ayuda, porque pone un medio como fin. Conservar lo bueno tiene connotaciones diferentes a creer que lo bueno sea conservar.

En este principio “convencional” han quedado quizás las peores páginas achacables al referente conservador, muy evidente en ciencias naturales, de hecho gran parte de la incapacidad para revaluar la “experiencia” acumulada generó justificadamente el rechazo a las tradiciones en general. No es muy difícil volverse ateo cuándo en nombre de Dios se dicen cosas que van en contra de lo que se puede comprobar observando la naturaleza. Especialmente cuando muchas veces la tradición es la que se endiosa, olvidando que un Dios, como al que se dice defender al combatir el cambio conceptual,  no necesitaría del principio “convencional” para realizar sus obras, y si por el contrario, requeriría la renovación de la mente del ser humano para poder comprenderlas y admirarlas.

Dicho de otra forma, que la “experiencia” acumulada de las sociedades debería usarse como llamado a una madurez para asimilar el cambio, y no como un reflejo de caprichoso y nostálgico infantilismo, basado en ideas fantasiosas construidas sobre el superficial conocimiento del pasado.

Lo que por supuesto es más grave en materia de instituciones sociales. La esclavitud era una tradición, extendida como parte de la dinámica de la guerra, una consecuencia del supuesto “derecho” de conquista.  Sin embargo, ¿el hecho de qué la esclavitud fuera una tradición es suficiente para defenderla, mantenerla y conservarla como institución en la sociedad? Y si en temas tan importantes como la esclavitud el que algo sea o no tradición es irrelevante, ¿cómo podría el principio “convencional” ser criterio principal para cualquier otro tema?.

Kirk Rusell plantea:

  • El principio normativo o de prescripción, es decir, de las reglas consagradas por el uso inmemorial, aún cuando la mente de algún individuo o grupo “iluminado” pueda discurrir en sentido contrario en algún momento. Su enemigo principal es el espíritu anti-nomiano o contrario a las normas, basado en un racionalismo mal entendido: la ingenua creencia en una infalible potencia superior de la razón individual para cuestionar y negar reglas consuetudinarias (consagradas por costumbres), algunas muy antiguas, que han resistido el paso del tiempo porque han probado ser exitosas, en términos de logros culturales y civilizatorios.

Este principio “normativo o de prescripción” es muy cercano al principio “convencional” por lo mismo sirve para reforzar la reflexión sobre la validez de la legitimidad de las reglas “consagradas”. ¿Podríamos pensar que los individuos o grupos “iluminados” que promovieron la abolición de la esclavitud, la separación de los poderes, el debido proceso judicial o el reconocimiento del derecho de propiedad para las mujeres eran “anti-nomianos”? Esos individuos o grupos “iluminados” cuestionaron y negaron reglas consagradas por costumbres, “algunas muy antiguas” y sin embargo es muy difícil decir que estas “nuevas” normas no probaron ser exitosas “en términos de logros culturales y civilizatorios”.

Si existen normas que resisten el paso del tiempo, no es porque resistir el tiempo sea su virtud principal, no es la vejez lo que las hace validas como normas, lo que las hace validas como normas es que han sido puestas a prueba por diferentes racionamientos de múltiples individuos y en aquellos casos dónde algunos de estos individuos detectaron que esas normas impedían “logros culturales y civilizatorios” fue la potencia superior de su reflexión la que permitió que emergieran costumbres resistentes.

Por supuesto que muchos individuos se han levantado declarando que sus normas son razonables y que deberían ser abolidas las antiguas para ser reemplazadas por las suyas. Pero el que muchas de esas nuevas y fallidas normas hayan sido perjudiciales y efímeras no debería prevenirnos contra el papel de los individuos, porque las buenas normas que se han quedado con nosotros también han llegado de la misma manera, si las referencias religiosas en este caso sirven como apoyo inmemorial deberíamos tener en cuenta que incluso cuándo Jehová envió los diez mandamientos usó a un individuo.

Por el momento cierro con lo siguiente: ¿podría un conservador pedir la abolición de leyes malas?. Desde el principio normativo, por supuesto que no, por definición sería un “anti-nomiano”, desde el principio convencional tampoco, si esas leyes malas fueran leyes viejas o heredadas, tampoco podría pedir su abolición.  Es claro que al preocuparse por el orden moral, por supuesto, ve maldad en las leyes que quiere abolir, y podría ser una persona religiosa, incluso cristiana, pero esa maldad que ve en la ley no la ha descubierto porque sea conservador.

Descubrir los errores de las leyes existentes no hace parte del proyecto conservador… y el no plantearse como tema principal ese problema es un primer gran error conservador.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s